Claudia Gafner-Rojas

Derecho ambiental - Derechos humanos

La tarea de buscar la paz ambiental en Colombia – La recuperación ambiental en el postconflicto colombiano



29 de marzo 2017

Una delegación de la ONU Medio Ambiente ha visitado Colombia durante el mes de marzo de 2017 para reconocer los daños ambientales que el conflicto armado interno ha dejado y ofrecer apoyo al país.

El medio ambiente ha sido uno de los tantos perjudicados por el largo conflicto armado que ha soportado Colombia. Aparte de muertes absurdas, de atraso, de conflictos sociales complejos, el deterioro ambiental en amplias y sensibles zonas del país ha sido una consecuencia más de este.

Durante más de treinta años se han practicado voladuras de oleoductos con las tristes y graves consecuencias que esto ha provocado en el medio acuático, en la biodiversidad, en la salud de las personas de las zonas afectadas. Pero las voladuras no han sido el único problema en el marco del conflicto, la acción de los grupos guerrilleros y paramilitares se ha nutrido de actividades económicas ilícitas, lo que explica el empleo abusivo y devastador de enormes extensiones de terreno ecológicamente valioso para fines diferentes a su propia naturaleza, como la siembra de cultivos ilegales o la explotación minera ilegal y descontrolada que, entre otros, usa sustancias tóxicas y altamente contaminantes como el mercurio.

Adicionalmente, la política estatal dirigida a eliminar los cultivos ilegales, financiada por el gobierno de Estados Unidos, se empecinó en emplear métodos abiertamente agresivos como la aspersión aérea con glifosato, lo que aparte de los cultivos de coca arrasó con la vegetación natural, afectando gravemente además la salud humana de las zonas asperjadas, principalmente comunidades indígenas y campesinas. Afortunadamente, este método fue suspendido por el Consejo Nacional de Estupefacientes en 2015, tras treinta años de ser practicado.

Desde el Departamento Nacional de Planeación se ofrecen algunas cifras que ponen de manifiesto las consecuencias nefastas que el medio natural ha tenido el conflicto armado en Colombia y que constituye una razón más para detenerlo. Más de tres millones de hectáreas de bosque se han deforestado por su causa, 4,1 millones de barriles de petróleo han sido derramados durante los últimos 35 años, lo que equivale a 16 veces la catástrofe de Exxon Valdez. Los derrames de los años 2009 a 2013 han afectado a 129 municipios. El 60% de las fuentes hídricas del país están potencialmente afectadas por extracción ilícita de minerales y derrames de petróleo, cantidad que equivale al cauce del río Nilo.

El Director Regional de ONU Medio Ambiente, Leo Heileman, con ocasión de la visita a Colombia, afirmó que “El medio ambiente está en el corazón del desarrollo posconflicto en Colombia. El país tiene una oportunidad histórica única para promover medios de vida sostenibles y territorios resilientes en los que la naturaleza proporciona las bases para la paz y la prosperidad de larga duración. ONU Medio Ambiente apoyará firmemente a Colombia durante la fase posconflicto”. 

Tras evaluar la situación, la Organización ofreció llevar a cabo recomendaciones técnicas y de capacitación para poner en marcha medidas que mejoren las condiciones sociales y económicas y para remediar los daños causados por las operaciones ilegales. El apoyo consistirá concretamente en recomendaciones técnicas y de capacitación para la aplicación efectiva de los proyectos de construcción de paz ambientales; evaluación ambiental estratégica de las intervenciones clave después de los conflictos; asesoramiento sobre medidas para mejorar las condiciones sociales, económicas y ambientales para el sector extractivo y para remediar los daños causados por las operaciones ilegales; y fortalecimiento de las capacidades institucionales y técnicas para la planificación territorial participativa y el monitoreo, incluyendo la mejora del acceso público a la información ambiental.

Cómo afrontar la rehabilitación ambiental frente al legado de degradación ambiental que ha dejado el conflicto armado en Colombia es, en definitiva, un aspecto central que debe ocupar la agenda política del Estado colombiano, a efectos de recuperar el patrimonio ambiental del país y ofrecer mejores condiciones de vida a las poblaciones que se han visto perjudicadas por dicho deterioro. De eso depende en gran parte el desarrollo de las zonas y las poblaciones afectadas y en últimas la paz y el progreso del país.

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